martes, 6 de enero de 2015

Qué comen los animales que nos comemos. El desequilibrio de los omegas

La alimentación de los animales llamados de granja no es la más adecuada en la actualidad, por no entrar en el estado en el que se les mantiene hasta el momento de su sacrificio. Todo ello repercute en la salud de las personas que comen carne, una mayoría, y es una de las causas de que cada día las enfermedades, en ocasiones graves, surjan a edades más tempranas.

Gallinas
Hace unos años, cuando los animales vivían en libertad y no hacinados desde el nacimiento hasta la muerte, las vacas comían en prados de hierba, una hierba rica en ácidos grasos omega 3, que pasaba a la leche que producían y más tarde a la nata, el queso, la mantequilla o el yogur que se fabricaban con esa leche.

También los huevos de las gallinas eran ricos en omega 3, porque se las alimentaba con forraje (berza, trébol, col, salvia, etc.) y no con grano.


El cambio en la alimentación del ganado.

Es alrededor de 1950 cuando la demanda de carne de vacuno, y de leche y sus derivados, se incrementa tanto que es necesario buscar otras maneras de mantener y alimentar al ganado. Por una parte, las vacas dejaron de pastar en libertad y se las comenzó a introducir en espacios reducidos y a alimentarlas con soja, maíz y trigo, alimentos ricos en omega 6, pero prácticamente carentes de omega 3. De este modo se empezó a crear un desequilibrio entre la ingesta de estos dos ácidos grasos tan necesarios e importantes para el organismo, que además es imprescindible tomarlos con la dieta porque el cuerpo es incapaz de fabricarlos y es muy importante que estén equilibrados para evitar determinadas enfermedades.

Asimismo, como ya hemos citado, las gallinas tampoco son alimentadas como hace unos años y los huevos no tienen los nutrientes de antaño, presentando también un desequilibrio entre los omega 6 y los omega 3.

Los animales de granja y las hormonas

La necesidad de que los animales engorden rápidamente ha propiciado que las hormonas estén muy presentes en su triste vida, hormonas que se almacenan en los tejidos grasos y que, en el caso de las vacas, pasan a la leche. Pero además también se utilizan hormonas para que estos animales produzcan más leche de lo normal, y aunque no están permitidas en todos los países, no quiere decir que no estén presentes en el vaso de leche de tu desayuno.

La salud de los animales de granja y nuestra salud

VacaNo parecemos darnos cuenta que el destino de los animales está intrínsecamente unido al nuestro, que la mala alimentación y las malas condiciones de vida de los animales de granja es un factor seguro para la mala salud y las enfermedades en el ser humano.

Más allá de que a alguien le interese más o menos el bienestar de estos animales, porque soy consciente que a mucha gente le es indiferente, sí debería ocuparse y preocuparse de su propio bienestar, de su propia salud. Una salud que difícilmente será óptima consumiendo carne, productos lácteos y huevos con pocos nutrientes, con hormonas, con medicamentos y posiblemente con otras sustancias que desconocemos.

Es obvio que se puede optar por no consumir estos productos, pero esa no va a ser la opción de la mayoría de gente a corto plazo, ni a medio plazo. Ignoro si lo será a largo plazo. Por lo tanto, preocuparse y ocuparse del modo de vida y la alimentación de los animales de granja, sería quizá una manera de asegurarnos una buena salud. Exigir que estos animales tengan una vida digna y se les alimente de manera adecuada y lo más natural posible, al margen de lo que nos importe o no su bienestar, repercutirá sin duda en nuestro propio bienestar.

Beatriz Moragues - Derechos Reservados


No hay comentarios:

Publicar un comentario